La historia narrada en "Azimut" (la Crónica de la Segunda Guerra de los Astros) tiene lugar en el continente de Usher. Usher es el único continente conocido de un mundo ajeno al nuestro, un continente con una historia que se remonta a más de 5.000 años de antigüedad y que es extremadamente compleja. Estos apéndices reúnen algunos datos que pretenden resultar interesantes al lector o, al menos, hacer más sencilla la lectura de la historia.
El sistema
monetario en Usher está basado, como casi todo en este continente, en la
religión de sus habitantes; la adoración a Sol y Luna Primigenios. En los dos imperios
se utiliza el mismo sistema, basado en tres monedas, cuyos valores se
establecen por el material con el que son acuñadas. La moneda con menor valor
es la estrella. Están fabricadas en cobre, y doce estrellas de cobre equivalen
a una luna, moneda acuñada en plata de uso frecuente - las estrellas tienen muy
poco valor, solo se emplean para redondear. La moneda con más valor es el sol,
de oro, equivalente a veinte lunas de plata. Este sistema lo emplean todos los
habitantes de Usher, con la excepción de los Clanes del Hielo, que no creen en
el dinero y prefieren conseguir las cosas mediante la rapiña y la guerra, y en
ocasiones el trueque.
El Imperio de Luna tiene aproximadamente mil años de antigüedad.
Se estableció, al igual que el Imperio de Sol, cuando concluyó la Guerra de los
Astros, y desde entonces sus fronteras y sistema de organización han
permanecido estables.
Las fronteras del Imperio de Luna presentan algunas
peculiaridades; principalmente destacan dos territorios que a pesar de estar
situados dentro del área de influencia del imperio, no pertenecen a él.
La antigua ciudad de Ancestral, situada
más allá de las Espinas desde antes de que existan registros siquiera de la
existencia del hombre en Usher, ha permanecido inalterada e invencible desde
entonces. Por su situación estratégica y el conocimiento por parte de sus habitantes de las montañas y el
valle que pertenecen a la ciudad, es casi imposible de conquistar. Con los
siglos, se convirtió en el refugio preferido de grecos y filósofos que
rechazaban la religión de Sol y Luna como fuente de toda sabiduría, por lo que
Ancestral es un crisol de culturas, arte y ciencia. Al igual que todas las
grandes ciudades del imperio, posee lo que se denomina un área de influencia,
es decir, una zona cercana a ella que se considera de su absoluta propiedad. En
esta zona se incluyen las aguas que consideran suyas. Esto es relevante importante porque gran
parte de la economía del Imperio de Luna, pobre en cultivos y cubierto de selvas
salvajes que agotan en suelo, se basa en la pesca, y esto genera muchos
conflictos. En las áreas de influencia de cada ciudad, las demás no pueden
pescar, so pena de quema del barco y encarcelamiento de los marineros que lo
hagan.
El otro
territorio independiente del Imperio de Luna es el Templo de Luna, situado en
la costa del Desierto del Sur, aunque este lo es por motivos religiosos y
carismáticos, no como en el caso de Ancestral, y su independencia es muy
relativa, dado que el Emperador de Luna tiene mucho poder sobre el templo. Su
área de influencia es muy pequeña, ya que las sacerdotisas sobreviven sobre
todo gracias a los donativos.
No hay muchas
más ciudades que puedan ser consideradas como tales en el Imperio de Luna, pues
es casi todo erial y desierto donde la vida es prácticamente imposible.
Aparte de algunas tribus de los desiertos y del Bosque Angosto (que a pesar de
su nombre, es una selva tropical salvaje), la única ciudad de importancia es
Puerto Blanco, una ciudad portuaria habitada por marineros irascibles,
comerciantes y conocido puerto pirata.
La capital, la
Ciudad de Azimut, es objeto de leyendas desde hace más de mil años. Fundada por
la misma Azimut - una heroína legendaria e idolatrada - ha mantenido los mismos
sistemas de costumbre y conducta durante más de mil años. Se trata de una ciudad
amurallada, protegida por los llamados "muros rojos", las murallas
más altas construidas por el hombre en Usher. Las leyendas dicen que Azimut se
inspiró en el Hielo, el inmenso glaciar que dominaba la tierra donde nació,
para darles aquella altura y grosor.
El otro gran
monumento de la Ciudad de Azimut es el Palacio de Alabastro, una grácil
fortaleza erigida en una colina en el centro de la ciudad. Está enteramente
construido con piedras blancas pulidas, de tal modo que reflejan la luz del sol
y de noche, parecen brillar en la oscuridad. La entrada principal es una larga
y amplia escalinata de mármol, decorada con esculturas humanas, la mayoría de
mujeres desnudas en actitud guerrera, a través de la cual se accede
directamente al segundo piso, pues el primero está dedicado principalmente al
servicio.
Llama la
atención el hecho de que los muros interiores del Palacio de Alabastro están
completamente tallados y ornamentados, con volutas y espirales imposibles, y
decorados con ópalos - la piedra de Luna - que, al ser tornasolados, dan un
aire muy brillante, colorista y etéreo a las estancias del palacio, sobre todo
cuando la luz entra por los altos y alargados ventanales, muchos de ellos
cerrados por vidrieras de vivos colores.
En total, el
palacio tiene unas siete plantas, aunque la mayoría de ellas pertenecen a las
torres y las llamadas "habitaciones flotantes", que son simplemente
cámaras colocadas en los jardines flotantes del Emperador, que contienen las
termas y están destinadas a ser la vivienda de las damas del harén.
La Corte Azmeta,
aunque en esencia no es muy distinta de otras cortes norteñas, presenta una
peculiaridad; la falta de nobles y grandes casas. Esto tiene su explicación en
la costumbre azmeta de tomar varias mujeres; si cada noble declara como hijos
legítimos a todos sus descendientes, con el tiempo la nobleza sería una carga
demasiado pesada para el pueblo.
Así pues, los
azmetas no son considerados nobles por nacer en el seno de una familia noble;
deben ganarse su puesto en la Corte de un modo u otro. Como consejeros,
doncellas, caballeros, bailarinas - el más bajo rango - o similares.
El título más
alto, por debajo del de "Rey de Azimut", que ostenta invariablemente
el Emperador de Luna, es el de "Señor" o "Dama". Los azmetas, en
general, son gente confiada y amable, devotos exclusivamente a la Luna y que
observan con desdén todo lo llegado del norte.
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