Lo primero que quiero decir es que el lugar que conocemos como The Hill of Tara, o la Colina de Tara en español, es un lugar como no hay otro sobre la faz de la tierra.
¿Qué tiene Tara que lo hace tan especial? Puesto que a la hora de ver fotografías aéreas, apenas veis algunos círculos superpuestos en un mar de hierba verde. No hay grandes ruinas ni castillos, ni un enorme monumento que marcase un antes y un después en la humanidad. Es solo una colina, verde como toda Irlanda, con unas vistas que abarcan hasta el mar en los días soleados.
¿Qué tiene entonces de especial Tara?
Es difícil de definir. Es algo en el aire, en la impresión que produce la ascensión por la colina y el mirar las imponentes vistas a su alrededor. Y eso que Tara, tras siglos de exposición a la lluvia y al viento, ha perdido gran parte de su altitud, de lo imponente que era.
Y sin embargo, allí sigue, desafiante, a través de los siglos. Lo que hace tan sumamente especial a la Colina de Tara es que ha sido tierra sagrada desde el neolítico. Cuando aún no sabíamos vestirnos, cuando aún no teníamos idea del uso de la rueda, ya sabíamos que había algo en Tara superior a lo que los ojos ven.
¿Sabíais que Tara fue un día el trono de los reyes del cosmos?
Os contaré algo sobre la monarquía irlandesa. Los celtas nunca entendieron los reyes como hombres que mandasen sobre los demás, reyes por derecho divino. Los reyes eran sagrados. Los Reyes de Tara, los que fueron coronados allí por los druidas ante los dioses, eran hombres que se casaban con la Naturaleza misma.
Sí. Los celtas entendían la Naturaleza como una deidad femenina, una mujer que necesitaba un hombre a la altura de su poder para hacerla feliz. Cuando la Naturaleza estaba satisfecha con su marido la tierra florecía e Irlanda era un lugar de paz, de sosiego. Sin embargo, cuando ese marido dejaba de ser perfecto para ella la Naturaleza se enfurecía y manifestaba su furia en forma de diversos fenómenos y catástrofes.
Había muchas maneras de dejar de ser perfecto para una esposa tan veileidosa: uno de los casos más conocidos es el del rey Lughaidh Mac Con. Durante un juicio en el que se resolvía una disputa entre su esposa y otra mujer, el rey favoreció a su esposa a pesar de dar con ello un veredicto injusto. Su esposa divina se sintió tan ofendida al ver a su marido cometer un acto tan indigno que la cara sur de la colina conocida como Cloenfherta colapsó en un corrimiento de tierras. Así hizo saber a los habitantes del reino que Lughaidh Mac Con no era digno de ella, y el hombre que se levantó y corrigió el veredicto del rey, Cormac Mac Airt, fue el siguiente Rey de Tara. También fue el mejor Rey de Irlanda según las crónicas, hasta que la Naturaleza marcó el fin de su reinado dejándolo ciego de un ojo; ya no era simétrico, no era perfecto. Ya no era digno de ella.
¿Qué ocurría cuando un Rey de Tara dejaba de ser digno de la esposa que tenía? Esa es la parte espinosa. "Hasta que la muerte nos separe", eso es una constante en casi todas las culturas del mundo en lo que respecta al matrimonio.
Sí. En el momento en el que el Rey de Tara dejaba de ser digno de su divina esposa se llevaba a cabo el sagrado ritual del regicidio, y el Rey de Irlanda, el rey que se había casado con la Diosa Naturaleza para hacer frente al caos con ella era asesinado y sustituido por otro nuevo, un joven que placiera a la diosa de la isla.
Los Reyes de Tara no eran solo reyes de la isla; eran reyes de todo el cosmos, eran los reyes que se casaban con la diosa que un día los descartaría y a causa de la cual serían asesinados para mantener la paz universal; para mantener el mundo en equilibrio, para mantener a raya el caos.
¿Cuántos de nosotros no hemos deseado ser alguna vez reyes o reinas, príncipes o princesas?¿Cuántos lo seríamos, si supiéramos que llegado el momento seríamos asesinados para mantener el orden cósmico del mundo?
Los reyes que se sentaban en Tara eran los reyes de todo el universo, una responsabilidad que duraba desde el momento de la coronación hasta el día de su muerte.
La coronación era todo un ritual en sí mismo; no solo se coronaba al nuevo rey, sino que además se trataba del matrimonio y consumación del mismo.
Los príncipes entraban a Tara con su séquito a través del Tech Midchúarta, un largo desfiladero artificial que se ha visto erosionado con los años hasta ser lo que podéis ver en la foto.
Sin embargo, en los tiempos de los Reyes de Tara era mucho más impresionante. Las paredes de los lados no permitían ver nada del lugar salvo pqueños destellos a través de ciertos huecos estratégicamente colocados, y la ascensión impedía también ver el punto de destino. Tara era un lugar sagrado, un lugar al que solo se acudía para las grandes ceremonias y rituales. Los jóvenes que iban a ser coronados veían por primera vez el lugar al que se dirigían tras pasar por este largo corredor. A ambos lados del mismo hacía huecos a intervalos regulares, huecos que mostraban las tumbas de los grandes reyes del pasado.
El aspirante a rey debía pasar por ese recorrido ritual viendo las tumbas de sus predecesores y sabiendo que aquella era la grandeza que se esperaba de él.
Hacia el final del Tech Midchúarta el joven príncipe veía alzarse ante él el Dumha na nGiall, el Montículo de los Rehenes. Es la edificación más alta de la Colina de Tara y según algunos en su interior se encuentra enterrada el Arca de la Alianza.
Lo que hay sin lugar a dudas en el Montículo de los Rehenes es una tumba-corredor que data del año 3.000 A.C. En ella se encontraron cuerpos cremados y depositados en vasijas decoradas con detalle.
En los tiempos de los Reyes de Tara, junto a Dumha na nGiall estaba la llamada Lia Fáil, la Piedra del Destino. Fue movida de lugar en 1824 para servir como marca de la tumba de los que cayeron en la rebelión de 1798 luchando en la Colina de Tara, pero en los orígenes de este lugar sagrado Lia Fáil estaba junto al Montículo de los Rehenes.
Para ser coronado, el aspirante a rey debía recorrer gran parte del círculo conocido como Ráith na Ri, el inmenso anillo visible en la primera foto que delimitaba la parte más sagrada de Tara. Solo después de rodearlo parcialmente podría el joven príncipe acceder al Forrad, el Asiento Real.
Una vez allí los druidas depositaban sobre sus hombros un manto de proporciones épicas, un manto que nadie podía llevar; un manto enorme que abarcaba el mundo entero y que representaba la responsabilidad del nuevo rey sobre el universo. Si el manto no sentaba bien al muchacho, es que el chico no estaba destinado a ser un Rey de Tara.
Una vez vestido con este manto el príncipe debía subir a un carro al que estaba uncido un caballo salvaje, y a veces hasta dos. El Rey de Tara debía hacer cosas que nadie más podía hacer; ponerse un manto tan enorme que nadie más podía llevar, dominar un carro tirado por caballos salvajes. El rey debía tomar el control del carro y conducirlo hacia las dos piedras mágicas Blocc y Bluigne. Los humanos normales apenas podrían introducir una mano en el espacio abierto entre las dos piedras, pero ante el legítimo Rey de Irlanda las piedras se abrían y lo dejaban pasar. Entonces el joven rey llegaba hasta Lia Fáil, la Piedra del Destino, que rugía para señalar al mundo que había un nuevo rey en el Trono de Tara. El rey había demostrado ser digno, se había casado con la Naturaleza y había consumado el matrimonio, y ahora el cosmos podría estar en paz.
Apenas queda ya nada de esto en la Colina de Tara. Las coronaciones dejaron de tener lugar cuando el cristianismo alcanzó la Isla Esmeralda, y en su lugar se dice que fue en Tara donde San Patricio derrotó finalmente a los druidas.
A pesar de los milenios transcurridos, de los cambios de religión, de trono y de régimen, Tara sigue siendo a día de hoy un poderoso imán tanto para los visitantes extranjeros como para los habitantes de la isla. La Colina de Tara es aún a día de hoy un lugar cargado de espiritualidad y significado para los irlandeses, que siguen preservando esta asombrosa colina con un pasado épico y sagrado. Una colina verde, modesta a día de hoy, poco dispuesta a contar su historia si no se la busca. Una colina verde que alberga un salón del trono, una pequeña iglesia...
La Colina de Tara ha visto pasar los milenios, imperturbable. Miles de personas la han visitado y cientos yacen enterrados en ella. No solo de la Edad del Bronce, no solo de la Edad Media, de los tiempos en los que Tara era el Salón del Trono de toda Irlanda.
Tras la llegada del cristianismo, Tara siguió conservando su halo de espiritualidad. El cementerio que rodea la iglesia en la Colina de Tara es para mí uno de los más bonitos que he visto en mucho tiempo, y ya sabéis que a mí los cementerios me encantan (sin segundas interpretaciones, por favor).
Esto es todo lo que os quería contar hoy. Espero que os haya gustado mi pequeña visita guiada por Tara y espero poder seguir mostrándoos más cositas de Irlanda. Os dejo algunas fotos más, del cementerio.
Abrazos ^^
A pesar de los milenios transcurridos, de los cambios de religión, de trono y de régimen, Tara sigue siendo a día de hoy un poderoso imán tanto para los visitantes extranjeros como para los habitantes de la isla. La Colina de Tara es aún a día de hoy un lugar cargado de espiritualidad y significado para los irlandeses, que siguen preservando esta asombrosa colina con un pasado épico y sagrado. Una colina verde, modesta a día de hoy, poco dispuesta a contar su historia si no se la busca. Una colina verde que alberga un salón del trono, una pequeña iglesia...
La Colina de Tara ha visto pasar los milenios, imperturbable. Miles de personas la han visitado y cientos yacen enterrados en ella. No solo de la Edad del Bronce, no solo de la Edad Media, de los tiempos en los que Tara era el Salón del Trono de toda Irlanda.
Tras la llegada del cristianismo, Tara siguió conservando su halo de espiritualidad. El cementerio que rodea la iglesia en la Colina de Tara es para mí uno de los más bonitos que he visto en mucho tiempo, y ya sabéis que a mí los cementerios me encantan (sin segundas interpretaciones, por favor).
Esto es todo lo que os quería contar hoy. Espero que os haya gustado mi pequeña visita guiada por Tara y espero poder seguir mostrándoos más cositas de Irlanda. Os dejo algunas fotos más, del cementerio.
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